Si te crees muy especial, único y original, te recuerdo que existen 7 billones de personas en el planeta, millón más, millón menos. Estamos en un mundo superpoblado, que nos hace anónimos, indiferenciables, indistinguibles, y el problema no parece preocuparles mucho a los gobiernos, a las empresas, ni a los mismos habitantes.

Sales a las calles y te tropiezas con gente, con autos, con filas de espera. A casi cualquier hora se congestionan el Internet, las redes de celular, las calles y carreteras. Las personas tienden a quedarse en su casa en lugar de salir, ni siquiera ir de vacaciones representa una valiosa pausa para ver a otros.

Y en esta vorágine de personas, tenemos la elección de quedar ahogados, enterrados en el anonimato o pertenecer a un peculiar grupo de personas que eligen ser extraordinarias. No, no se trata de palabras vanas y trilladas de un libro de motivación. Seamos realistas: las personas que más han trascendido en la historia de la humanidad y que han sido captados en los libros, son exageradamente raros comparados con la enorme población mundial.

Desde luego que el mínimo trabajo cuenta para contribuir al mundo. El trabajo de un taxista, de un equilibrista que coloca anuncios espectaculares o de la mujer que hace la limpieza calladamente en la oficina es sumamente valioso, para nosotros y para ellos.

De lo que estoy hablando en realidad es de la elección personal de ir por algo que es superior al estándar. Algo que se logra a través de trabajo persistente, productivo, enfocado y acertado. Algo que te reta, que es sumamente interesante, importante o tal vez crítico para vivir o para ser feliz.

Vivimos en una época de posibilidades, de opciones. Convertirnos en una persona extraordinaria, un factor de cambio, un líder social, un diferenciador empresarial o político es posible; sin embargo, en este mundo de posibilidades la mayoría prefiere pasar el tiempo en algo sin trascendencia. Pocos son los que se proponen una meta y sostienen el esfuerzo hasta cumplirlo.

¿Qué hubiera sido del mundo si Martin Luther King Jr. no hubiera tenido un sueño?

¿Qué seríamos si Einstein no hubiera visto el universo diferente? (Gracias a la Teoría de la Relatividad existe el GPS y es posible la transmisión de señales en celulares).

¿Qué habría pasado sido si Juana de Arco no hubiera estado conforme?

¿Qué sería si Shakespeare no hubiera tenido tiempo de escribir?

El factor más determinante para enfocar la atención, reducir las distracciones, tomar decisiones inteligentes y mantener la energía es un poderoso sentido de propósito. Piensa:

  • ¿Cuándo fue la última vez que llevaste a cabo algo extraordinario?
  • ¿Cómo era tu atención?
  • ¿Cómo era la claridad con la que tomabas decisiones?
  • ¿Cómo era tu nivel de energía?

Ahora reflexiona:

  • ¿Qué cosa podrías emprender en tu vida personal o profesional que haría una gran diferencia?
  • ¿Cuál es el valor de lograrlo?
  • ¿Qué impide que estés en búsqueda de resultados extraordinarios en alguno de tus roles?

Te invitamos a seguirnos cada semana en este blog. Agradeceremos tus preguntas y sugerencias de temas al correo electrónico: pablo.luengas@franklincovey.mx

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